Un número ascendente de arrendatarios, están viendo cómo sus caseros no les renuevan el contrato para destinar sus viviendas a uso turístico…

 

El pintor malagueño José Luis Puche soñaba desde hacía tiempo con vivir en el Centro de la ciudad. Quería estar cerca de la zona cultural: museos, galerías, paseos en barco por la bahía y la vida cultural de la ciudad de Málaga.

Hace cuatro años lo consiguió por fin. Encontró un piso de alquiler en la calle Montaño: “El primer año fue fenomenal, me encantaba estar en el centro de todo. Tenía mi estudio muy cerca, íbamos a todas las inauguraciones de exposiciones…”, contó a un medio.

Un día empezaron a ver más trasiego de lo que era normal en su edificio, que tiene sólo doce viviendas en total. “Una chica que estaba de alquiler puso su piso en Airbnb con el consentimiento de su casero”Y desde ese día empezaron los problemas: botellones a diario en los descansillos, escándalos nocturnos y peleas, estropicios en las zonas comunes del edificio y más de un sobresalto cuando un turista borracho se confundía de piso e intentaba meter la llave en la cerradura de algún vecino.  La misma inquilina de la propiedad, viendo lo lleno que tenía siempre el apartamento, alquiló otro en el mismo edificio para multiplicar sus beneficios. “Fue como una plaga: los demás vecinos vieron el chollo que era y se subieron también al carro”, recuerda el artista.

Todo es cuestión de números: los 600 euros mensuales de un arrendamiento de larga temporada frente a los casi 3.000 que puede dejar un alquiler turístico.

 

Llegó un momento en el que sólo el piso de José Luis y otro más del bloque estaban alquilados por larga temporada, el resto estaba en modo de alquiler vacacional. Y en octubre del año pasado llegó el aviso del casero de la vivienda que más se temían: tenían que abandonar la vivienda, pues iba a ser vendida y destinada a alquiler turístico.

Para entonces, toda la calle era pasto de Airbnb y otras empresas de alquiler vacacionalEl boom de los alquiler vacacionales en Málaga deja unos clarísimos afectados: los ciudadanos que viven de alquiler, tanto malagueños como venidos de otros lares o países para trabajar en Málaga. Eso si, también hay que reconocer, que aportan un extra a la ciudad, a su vida, a su economía y a la cartera de los propietarios de las viviendas, que pueden sacar un dinero extra alquilando viviendas por días.